Después de la muy comentada elección del 5 de julio de 2009 me "mandaron" a mi casa a tomar unas raras vacaciones. Agrego el adjetivo raras porque desde la razón de existir de las mismas las cosas no eran normales.
Para empezar, estas vacaciones fueron de a gratis y para incrementar los índices de pobreza del país, pero además, después de llegar en un momento quizá inadecuado, se convirtieron en una experiencia enriquecedora.
Aunque de manera oficial todavía me falta un día... martes y jueves de la segunda semana no laboral se han convertido en mis casi mejores días vacacionales de muchos años... El primero por compartir con algunas de las personas más importantes de mi vida, aquellos que comprenden y sienten conmigo mi amor al periodismo y siempre tienen la palabra perfecta para convencerme de seguir adelante...
Pero el jueves, o sea hoy, fue porque tuve una sesión maratónica de infancia con mis abuelos, con quienes convivo con frecuecia y adoro, pero que hoy me hicieron revivir gran parte de mi pasado.
Para empezar, leí todo el periódico con mi abuelo. Desde que tengo memoria él elige Excélsior y es de las pocas personas que sigue leyéndolo completito. Cuando era pequeña, y desde que aprendí a leer... también me sentaba junto a él para leer y hacerle compañía, aunque algunas notas me las prohibía por violentas y casi siempre terminaba dándome deportes o "los dibujitos".
Después caminé horas (y si, kilóooooooometros jaja) con mi abuelita para comprar herramientas destinadas a que mi abuelo hiciera alguno de sus inventos. Terminamos con "Carmela", la misma señora gorda que vende nopales y verduritas en una esquina desde hace más de tres décadas.
No puedo describir lo que sentí cuando vi a Carmela... para empezar, mi mente la había olvidado y fue emocionante que regresara a mis recuerdos... además, en esta ocasión mi abuela no me dio una bolsita de mandado con dos jitomates, sino la bolsa completa con 25 nopales, manzanas, cilantro, aguacates, jitomates, y un largo etcétera.
Seguimos nuestro camino y nos encontramos con "el marchante" al que mi abuela le compraba piña picada... misma que no nos podíamos comer hasta llegar a la casa para lavarla correctamente, porque no sabíamos "que agua usó". Pero resultó que el marchante de mi memoria ya se murió y ahora saludamos al ¿nieto? del original...
Fuimos a la misma tortilleria de hace 20 años... me reencontré con la papelería Kitty del kinder y la tiendita de la esquina del mismo señor gruñón con muchas canas más.
Volví a desayunar el café con leche de mi abuelita... nadie lo hace igual....
Pero sobre todo, volví a escuchar cómo ella platica durante horas con cada una de sus flores y plantas y las motiva para vivir y ser bonitas, además de su inigualable manera de chiflar durante toda la mañana al ritmo del cielo...
Mientras tanto... mi abuelito talla madera... como lo ha hecho durante todo estos años en mis recuerdos...
Nada ha sido más grato que sentir el pasar del tiempo y darme cuenta que siempre es posible traerlo de vuelta...