Somos periodistas para contar historias sin importar quién sea el protagonista, cuál sea el lugar, la hora, o en qué momento sucedan los hechos.
Pero según Tomás Eloy Martínez, nuestra profesión está cambiando y hasta cierto punto está en peligro gracias a las versiones online, pues la retroalimentación que dan los lectores de esas historias, al ser anónimas, son impunes, y por ende, desembocan en una perversión del verdadero periodismo.
(...) las formas de lectura están cambiando vertiginosamente y el periodismo de papel se está convirtiendo en un vehículo incómodo para la lectura. Mucha gente prefiere las versiones on-line de los periódicos, y yo les encuentro un riesgo, sobre todo en los comentarios a las noticias o a las opiniones. Por un lado, hay una libertad necesaria para escribir y para expresarse con soltura. Por el otro, el anonimato de los posteos abre el camino a una peligrosidad impunidad. No me preocupan tanto los descuidos y malos tratos a que se somete el lenguaje, que es nuestra herramienta esencial. Me preocupa más que se lea mal y que esa ligereza en la lectura derive en una ligereza en la acusación. El anonimato encubre una cierta infamia, encubre a veces sentimientos deleznables. Esto no es el periodismo, por supuesto; es una perversión del periodismo, pero es algo para lo cual el periodismo es un vehículo en este momento.
Lo que ahora es posible es una retroalimentación que busca ser regulada -ojo, no censurada- para que nadie pierda el tiempo con comentarios inútiles. Sin embargo, quizá sea una perversión necesaria, ¿no?






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